El fenómeno del impostor (Parte 2)

Martes, 10 Abril 2012 03:31

Segunda parte de la serie que nos invita a reflexionar acerca de nuestra capacidad de liderazgo.

Viene de la Parte 1.

"No me merezco esto", "no deberían reconocerme", "en realidad no soy tan bueno como creen que soy", "si tan solo supieran la verdad", "ya me cansé de parecer una persona sin problemas", "¿y si llegan a descubrir que en realidad soy un charlatán?" Si le suena familiar alguna de estas frases, puede estar experimentando el fenómeno del impostor que describimos en el artículo anterior.

Es fácil pensar en figuras de liderazgo o de alta influencia y caer en la tentación de juzgar severamente cuando estas personas han caído en una desviación a la moral o a la ética. Es común, además, que aquello que juzgamos severamente refleje temas que resentimos de nosotros mismos. ¿Se ha puesto a pensar que muchas veces los seguidores son los que hacen de los líderes esos seres intocables incapaces de equivocarse? Nunca nos enseñan a ser seguidores, en donde somos responsables también por la rendición de cuentas transparente y directa de nuestros líderes.

El fenómeno del impostor es creado en parte por las ideas del líder que espera (sin fundamento) ser juzgado por la perfección de sus obras pero en gran medida también de las personas que aíslan a los líderes y los colocan en un pedestal, dándoles características supra humanas y donde la decepción es un resultado ineludible. Si aprecia en realidad a un líder, recuerde que es persona -como usted- sujeta a las mismas -o mayores- tentaciones.

En una ocasión un alto ejecutivo de una empresa fue diagnosticado con cáncer. Su decisión fue no contarle a nadie, pues seguramente "me van a perder el respeto y me tratarán con conmiseración". ¿Por qué solemos creer que la falibilidad y fragilidad menoscaban el liderazgo? Nada más alejado de la realidad. Esta persona decidió "quitarle el poder a la enfermedad exponiéndola a la luz" y se enfrentó a su equipo, siendo honesto y reconociendo que estaba librando la lucha más dura: una por su vida misma. El darse el permiso de sentirse vulnerable le ganó tener más respeto por sus colaboradores, palabras de aliento que lo llevaron a soportar el proceso de curación y múltiples muestras de afecto y oración.

Como usted podrá observar por los elementos que anoto en esta serie, el síndrome del impostor se elimina con la humildad de reconocernos falibles. Es interesante escuchar discursos políticos, religiosos, académicos o empresariales. En muchas ocasiones recomiendan a los líderes "ser fuertes y no reconocer públicamente problemas". Cuando se escucha los discursos, pareciera que personas que no tienen problemas están hablando. En algunos casos, es una estrategia a propósito, pues si el líder es superior a sus seguidores, tendrá más poder sobre ellos. Seguramente entre más perfecto trate de parecer, más fuerte el síndrome del impostor será manifiesto.

Si usted se ha sentido identificado por este síndrome (que es común en más del 80% de una población dada), trate de afrontarlo con algunas recomendaciones:
1. Busque momentos de reflexión individual y evalúe sus triunfos objetivamente, preguntándose por qué ha sido exitoso. 2. Tenga una red de mentores a quienes pueda consultarles y desahogarse de sus dilemas de liderazgo. 3. No se distancie de sus seguidores que lo retroalimentan genuinamente. 4. Antes de juzgar a otros, evalúese a sí mismo. 5. Busque desarrollar su área espiritual. ¿Quién lo valida? ¿Hará de su liderazgo un legado durable en el tiempo? Nuestra región y nuestro país lo necesitan.

¿Qué está haciendo hoy por alcanzar sus sueños?

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Julio Zelaya

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Emprendimiento

Doctor en Dinámica Humana, MBA por INCAE
Especializaciones en Harvard Business School y Cornell U.

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